20 abr. 2012

La estocada a la Escuela Pública y la respuesta que debemos dar.

Las medidas draconianas que se aprobaran mañana suponen el principio del fin de esa escuela pública cuyo ideal era la formación de las clases trabajadoras para conseguir la igualdad social que permitiera que los hijos de los trabajadores pudieran ascender socialmente y, al mismo tiempo, fuera posible salir de la espiral de pobreza existente en las clases obreras y campesinas.

La escuela pública no desaparecerá de un día para otro. Eso sería impensable. Lo que se va a hacer es ir desdibujando su función actual hasta convertirla en un gueto donde vayan solamente aquellos que no puedan permitirse otra vía. Masificada, con unas aulas con 40 alumnos o más, sin los recursos necesarios, precarias, hasta tal punto que prácticamente cambiará su función de enseñar por la de mantener a los niños en un sitio mientras sus padres ven sus jornadas laborales ampliadas gracias a la Reforma Laboral.

Aquellos padres que tengan la oportunidad de no tener que utilizar esa vía, verán como salida, quieran o no sus principios, llevar a sus hijos a la escuela privada o a la privada concertada para asegurar, al menos, la Educación de sus hijos.

No es de extrañar que las medidas aplicadas y decretadas mañana viernes hayan sido aplaudidas tanto por la CONCAPA (asociación de padres de colegios religiosos, cercana a la ultraderecha) y las empresas de colegios privados aplaudan las medidas del Gobierno. ¡Faltaría más!


A la subida de tasas universitarias planteada hoy, que puede suponer un aumento de las tasas a los alumnos de un 60%, junto al desplome de la partida de Becas al estudiante, se suman la masificación de aulas y el aumento de horas docentes. La primera medida supondrá meter a más de 40 alumnos en Bachiller, casi 40 en la Educación Secundaria y 30-32 en Primaria. Cualquiera que tenga el más mínimo conocimiento didáctico, sabrá que las clases van a ser casi imposibles de impartir y la atención a los alumnos con mayores dificultades, una quimera y una cosa que quedará en el olvido.  Los centros se convertirán en” cuidaderos” de alumnos más que centros de Enseñanza. Total, ¿desde cuándo hace falta que los pobres aprendan? Ya sabemos y vemos la mentalidad de la gentuza más reaccionaria, que estaban esperando el momento para sacar su verdadera cara.

A ello, habrá que sumar el aumento de horas lectivas, que pasa de 18 a un mínimo de 20. Un mínimo de 20 supone que pueden ser 21 o 23. Cada hora lectiva más, son 21.000 docentes que se van a la calle, según un estudio de los sindicatos. Todas las medidas supondrán de 90.000 a 100.000 despidos de profesores de la Escuela Pública.

En resumidas cuentas, los que se salven, vivirán en una escuela totalmente diferente a la habida desde mediados de los 70, pero con la sociedad y los problemas del año 2012.

Y quienes se irán a la calle serán todos los interinos docentes que suman 70.000 según datos del Ministerio de Educación y Cultura, lo que implica que hay 30.000 funcionarios con plaza fija que sobran. Lo que se haga con ellos es una incógnita, pero visto el caso griego, no sería descartable un despido o semidespido. 

Por ello, la respuesta debe dar paso a una respuesta acorde a la agresión sufrida. En aquellas comunidades como la valenciana que llevamos meses de movilizaciones, la respuesta solo puede ser una: la HUELGA. Y no una huelga de un día, que es el mejor regalo a las arcas públicas, sino una huelga indefinida que paralice el sistema educativo antes de que sea el colapso del decreto gubernamental el que produzca un colapso que no se detendrá con una negociación, sino que irá a más. 

Plantear cualquier otra respuesta es inviable, en primer lugar porque en junio habrá un 20% menos de posibles personas que se movilicen (todos los que nos vayamos a la calle) y en segundo lugar porque no queda tiempo material para plantear cualquier otra forma de movilización más escalonada. Wert no ha decidido esta fecha por casualidad. La incógnita es saber si, al igual que el para sus intereses, los docentes adoptaremos la decisión que más beneficie a los nuestros, que no son solo nuestros derechos laborales o nuestro puesto de trabajo, sino la defensa de la Escuela Pública, defensa que nos compete como docentes y como trabajadores pero en donde tenemos que aunar fuerzas con los padres no paniaguados (como la FAPA Gabriel Miro de Alicante o CONCAPA) o con los estudiantes, que serán, junto a nosotros, los más perjudicados.

Acabo la hora de las reflexiones y comienza la hora de luchar.

1 comentario:

  1. Magnífico artículo, me ha encantado sr Julián.
    1 saludo desde León, España de un licenciado en veterinaria aspirante a profesor "algún día"

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