1 sept. 2010

Abrazos para las policías de Melilla y los activistas, bofetones para el Gobierno y el PSOE


Llevamos un verano cargado de acontecimientos que salen de lo habitual de los últimos meses, como habia sido la Economía, fundamentalmente en política exterior. Y lo único que queda claro, no sé si coincidirán conmigo, es que si la política económica de este Gobierno mal llamado "Socialista" ha sido, a todas luces, mala, la política exterior es claramente NEFASTA.

Lo de este verano ha sido bofetón tras bofetón a la credibilidad de la política exterior de un país democrático miembro de la UE como España.

El primer caso, si acaso el más flagrante, lo tenemos en Melilla. Azuzados por el régimen marroquí, unos radicales partidarios de la anexión de ésta a la dictadura alauí, colgaron unos carteles denigrantes contra las mujeres que ejercen como Policias Nacionales en Melilla. Un cartel que las retrataba como basura, con dos manos manchadas en sangre. Un cartel que pisotea no sólo la dignidad de estas trabajadoras públicas día a día en defensa del orden y la legalidad de un Estado Democrático, sino que pisotea nuestra dignidad como demócratas y como españoles, denigrando a un cuerpo policial que nada tiene que envidiar al resto de países europeos.

Un Cuerpo Nacional de Policía formado por hombres y mujeres que defienden la seguridad, que atienden al ciudadano, que atajan el pillaje, detienen al culpable y reciben un salario infimo en comparación con su función y con su quehacer diario. Una Policía de un Estado democrático, objetiva y garantista con los derechos ciudadanos, responsable y profesional.

A estas mujeres policía querían dar lecciones los miembros de un país donde su policía practica la corrupción sin escrúpulos, donde ver a un Policía Marroquí es sinónimo de "tener que darle propina para poder estar tranquilo". Donde las palizas, los abusos, el incumplimiento de los Derechos Humanos y de los procedimientos más fundamentales son el "pan nuestro de cada día". Como pudieron comprobar in situ una decena de activistas en favor de la liberación del Sahara de nacionalidad española, para muestra un botón: la imagen de este artículo. Lo nunca visto, el tirano y el sátrapa quejándose del trato de la Policía de un Estado Democrático y dando lecciones. Como dice el refrán castellano "le dijo la sarten al cazo, apártate que me tignas".

Dos colectivos, nuestras agentes y los compatriotas activistas, que tienen poco que ver entre ellos -seguramente en una manifestación en España unos estarían defendiendo su postura y otras en frente haciendo su trabajo y velando por el orden de dicha manifestación- pero que gracias a la política de circo de este "Gobierno" tienen algo en común: haber sido despreciados y pisoteados por el Gobierno de su país, defendiendo las reclamaciones del sátrapa moro.

Llega a provocar verdadera vergüenza ver como tu Gobierno, el Gobierno español, desprecia a ambos yendo a Marruecos casi en tono disculpatorio ante su Alteza el rey-dictador marroquí. Llega a provocar verdadero asco ver a la señora Valenciano, del PSOE, echando la bronca a los activistas por haberse manifestado. Sólo le bastó decir "os merecéis los golpes que os han dado".

Siempre que sea posible, un Gobierno, en política exterior, debe buscar la solución más diplomática, la salida más negociada. Pero cuando se trata de una campaña orquestada, cuando se trata de un insulto, ya no sólo a esas dignas policías del CNP en Melilla, sino al mismo respeto de España como país intentando reclamar unas ciudades que son y serán -y deben seguir siendo- españolas; cuando se trata de una "chulería" y más de un régimen semidictatorial, el Gobierno está para pegar un puñetazo sobre la mesa y rechazar abiertamente determinadas muestras de insulto hacia el país, máxime si se ataca a funcionarios que son la representación del país.

En lugar de eso, el Gobierno retira a esas trabajadoras policías que ofenden a las costumbres de algunos moros intolerantes y abronca a los activistas, dando la razón a Marruecos y aceptando sus explicaciones.

El problema de esto no sería tal si no fuera porque la política exterior y sobre todo, la mala política exterior de este Gobierno mal llamado socialista, tiene consecuencias a medio y largo plazo para todos nosotros. La prueba está en los secuestros del Alakrana y de los cooperantes españoles. El Gobierno pagó un rescate a Al Qaeda por su liberación, cosa que no ha hecho ningún país occidental, logrando ya las reprimendas del mismo Presidente francés. ¿Que pasará en el próximo secuestro?¿A que ciudadanos europeos preferirá secuestrar Al Qaeda?¿Que sentiremos los españoles cuando se produzca un atentado de estos y recordemos el pago del rescate?

Y es que el diálogo es bueno, hasta un cierto límite. El diálogo no puede convertirse en cesión continua, el diálogo no puede ser claudicar ante tus intereses como país, el diálogo no puede suponer ser el hazmerreir ante Europa y el mundo. Porque un país, en la esfera internacional, se gana o pierde el respeto con sus actos. Y el respeto no siempre se gana dialogando y siendo tolerante, sino haciendo valer tu postura con firmeza y determinación. Y eso no es de izquierdas ni de derechas, es de sentido común, del cual parece ser carece el Gobierno a la vista de los actos.

Me viene a la mente que hoy se cumplen 71 años del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Entonces, anteriormente, Chamberlain, primer ministro inglés, había defendido una política de diálogo y entendimiento con Hitler similar a la del Gobierno de Zapatero en la esfera internacional. Inglaterra fue cediendo, cediendo, hasta que no pudo ceder más... porque cuando uno cede y permite una vez, permite todas. En una de las sesiones del Parlamento inglés, ante la defensa de Chamberlain de su política, que este entendía como una manera de lograr la paz, Sir Winston Churchill le recriminó con una frase y demostró finalmente tener razón.

Winston dijo: "Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra. Elegisteis el deshonor, y ahora, tendréis también la Guerra". Bien podría servir la frase para el Gobierno Zapatero

Para concluir, el sindicato SUP, ante los carteles difamatorios contra las policías españolas, elaboro un contracartel en el que pedía a los melillenses abrazos para las Policias. Desde aquí, mis abrazos a esas dignas trabajadoras y a esos dignos activistas españoles. Y mi bofetada dialéctica para este Gobierno y para mi antiguo partido, el PSOE, del que cada vez, entiendo menos cosas y formas de proceder.

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